Trompito Oficial de Seguridad

 

Trompito Oficial de Seguridad.


    Al principio Trompito no espantaba ni una mosca, pasaba largos periodos de tiempo echado sobre si, mirando al horizonte, tal vez recordando esos tiempos donde pasaba el día encadenado mirando como otros perros se movían felices, jugaban y corrían con total libertad, tal vez recordando esos tiempos donde pasaba hambre y frío. En esa actitud, podía pasar un tren por encima y a lo más se habría puesto a llorar un poco y esperar tranquilamente que le pasara por arriba, tal como si fuese un palo durmiente de una línea de tren. Podían pasar uno, dos, tres gatos cerca de él, hacerle muecas de burla, tirarle las orejas, anudarle la cola y él nada habría hecho. Inmutable.

    Ya al poco tiempo, con suerte se paraba y caminaba 8 a 10 metros hasta el plato de comida o bien al de agua, siendo este último el que con más ganas disfrutaba, ya que tomaba de manera desenfrenada. De hecho, eso era muy extraño pues tomaba agua como si no la hubiera conocido antes, como si fuera una delicia recién probada en su perruno paladar

    De pronto, un día cualquiera recibí el llamado de un amigo, al cual no veía hace mucho tiempo por lo que después de conversar largamente por teléfono, quedamos de acuerdo en que viniera a la casa con su familia. Esto fue durante el verano y ese fue el periodo en el cual con el correr de los días notamos algo distinto en Trompito, algo que nos llamó profundamente la atención.    

    Este amigo y su familia se quedó varios días y durante todo ese tiempo, las veces que no salían a pasear y conocer Santiago, nos sentábamos en el patio a escuchar música, de todo tipo, obviamente harto metal y sus derivados, también harta música chilena, pues de que es buena, es buena. Venían también otros amigos y amigas, por lo que pasamos largos momentos conversando y riendo. Y así fue como durante todos esos días fuimos notando que día a día Trompito a una hora determinada comenzaba un ejercicio bien particular, haciendo una especie de recorrido, que a la larga comprendimos correspondía a una revisión exhaustiva de seguridad que Trompito comenzó a realizar diariamente en esa época y que matices más matices menos, es un ritual que realiza hasta el día de hoy.

    En un comienzo no lográbamos ver lo estructurado del asunto, pero en unos pocos días de observación logramos documentar todo el proceso.

    El periplo inicia más o menos cuando ya oscurece, en tiempo de verano aproximadamente a las 20.00 horas, en tiempo de invierno aproximadamente a las 18.00 horas. Éste comienza con una abundante toma de agua, donde casi siempre se bebe el plato completo. A continuación, sale por el costado izquierdo, un lugar que está lleno de plantas, donde predominan unas cañas de casi 2 metros, muy tupidas, en estas se adentra olfateando cada rincón de las varas que salen desde el suelo y llegan más allá del muro contiguo. Se asegura que no haya ningún animal rastrero y o alguien que habiendo traspasado el perímetro pudiera permanecer escondido esperando que oscureciese por completo.

    Una vez revisado lo anterior, pasa al patio exterior, para esto se desplaza y cruza el portón metálico que separa el patio trasero del patio delantero. Primero llega al vértice izquierdo y recorre todo el frente de la reja que separa la casa de la calle, olfateando y mirando de vez en vez a ambos lados. También notamos que cada 1 o 2 metros se detiene, se asoma y mira por entre los barrotes, moviendo su cabeza de lado a lado, casi como si fuera un mono animado. Así continúa hasta que recorre todo el frente del portón exterior, completando el recorrido hasta el vértice derecho, finalizando su recorrido caminando y revisando el otro costado, en ese trayecto se encuentra también con otras palmeras, donde a veces hay ratones o palomas, las cuales aprovecha de espantar ladrando desaforado, aprovechando de recuperar de gastar los tantos ladridos guardados por años.

    Y fue así como alguna vez, en una de sus tantas rondas y como era de esperar, se encontró con un intruso, un caco.

   Era un día de semana según puedo recordar, no muy tarde, cerca de las 22:00 aproximadamente. Estábamos prestos a tomar once, de hecho, Trompito se había acercado en algún momento a buscar alguna recompensa de la mesa y luego lo vimos irse rumbo al patio con esa recompensa. Al poco rato fue cuando escuchamos a Trompito de un momento a otro ladrar desaforado, como nunca antes lo habíamos oído. Sin ir más lejos, no había mencionado que Trompito sufre o sufría de Asustadisus Permanentus, lo que se traduce en que a veces si uno se acerca muy rápido, hace que se ponga a quejar o llorar como que le hubieran pegado. Y digo sufre y sufría, porque si bien se le ha ido quitando, a veces de cuando en cuando se pega unos saltos de miedo. Sin embargo, esa vez lo escuchamos en un alarido que no le habíamos oído nunca, aún mucho más fuerte que sus ladridos normales. Por supuesto, salimos muy rápido hacia afuera, todos juntos corrimos y al llegar logramos ver que Trompito estaba tirado al costado de la reja, de costado se veía sangrante, jadeaba y se quejaba, con cuidado comenzamos a revisarlo y auscultarlo, de pronto nos dimos cuenta de lo peor, había sido herido con un arma blanca. Entre que logramos encontrar la llave y salir pasaron varios minutos, por lo que no logramos ver a nadie, salimos a la calle, algunos fueron hasta las esquinas y nada, no vimos a nadie. Paralelamente, alguien fue por una manta, así que como pudimos tomamos y envolvimos a Trompito, lo subimos al auto y partimos de urgencia a alguna veterinaria. Se quejaba mucho, pero había que hacerlo rápido, Trompito estaba en peligro de muerte.

    Salimos por avenida Tobalaba y bajamos muy rápido por avenida Departamental, en el intertanto, algunos iban simultáneamente llamando por teléfono a varias veterinarias que hay en el camino. Para fortuna de Trompito, a esa hora estaba abierta y atendiendo de urgencia una veterinaria donde alguna vez antes habíamos llevado a la Sasha, por lo que sabíamos atendían rápido y tal vez podrían salvarle la vida.

    Cuento corto, Trompito sobrevivió, al llegar a la veterinaria lo atendieron muy rápido y con una rápida intervención lograron detener la hemorragia y cocer su herida, estuvo hospitalizado algunos días hasta que ya pudo caminar por su cuenta y volver a la casa. Después del artero ataque, logró salir adelante, se recuperó totalmente y no quedó con ninguna secuela más que la cicatriz respectiva. Cuando llegó a la casa, le dimos una bienvenida de aquellas, estábamos todos tan contentos por él que hasta regalo sacó de premio, un reluciente collar café con su nombre. No sé si alguna vez tuvo algo con su nombre, así que por eso doblemente contentos por él. Por supuesto, con esa experiencia se graduó de perro guardián, de mascota que cuida su entorno y dejó de ser el perro sumiso que era. De ahí en adelante sabemos que enfrentará siempre a sus adversarios, que frente al peligro propondrá ir al ataque, masticar y morder al malhechor. Respecto al caco, esperemos se haya llevado un buen susto.  De hecho, que nosotros sepamos, nunca más hasta ahora ha tenido que volver a intervenir en algún evento, aunque como ya mencioné, ahora y cada día, está más preparado que nunca.

    Podemos confirmar que Trompito comprendió y asumió el rol que le correspondía, ese rol que le asegura una posición dentro de la familia, ese rol que le da la potestad de defender su territorio. Tampoco era que buscáramos o forzáramos disponerlo para cumplir esa labor, simplemente se dio, se expresó.

    Al final Trompito nos demostró a todos que podía y que sabía hacer su trabajo, que sólo había que dejarlo sólo un rato para que expresara esa característica intrínseca de su especie, ser un guardián de su hogar y proteger a su familia a todo evento.

    Nos vemos en la próxima aventura de Trompito.









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